Si los ángulos

se abrieran

Y de tanto en tanto

nos dejaran escapar

hábiles

abiertos
 

Entonces 

¿Qué cuento contarían los pájaros? 
 

Pero el ángulo después

vengativo

como una reja

volvería a encapsularnos
 

Entonces 

nos volveríamos esposas

candados

todo sería distinto

incierto
 

Pero no nos gusta lo incierto

A veces la incertidumbre

la 

incertidumbre.-

Escondido detrás de un árbol, el lobo observaba, sin molestar a nadie, mientras suaves y brillantes hilos de saliva caían al pasto como rocío de entre sus dientes. 

Teóricamente, el lobo no hacía daño a nadie, no; pero las gotas desde su boca rompían todas aquellas hojas que inocentemente crecían en el suelo. Éstas se pudrían muy lento, agonizaban sin apuros, como si nadie las persiguiera, como si ninguna otra gota fuera a caer nunca más sobre ellas, como si el lobo no estuviera ahí. 

Los Unicornios no son imaginarios, ni mitológicos. Son seres tibios, tiernos, tímidos, escurridizos, pero amigables. Cuando hablas con ellos, todo alrededor brilla y siempre hay colores. Hay calor y rico olor, y los temas de conversación son alegres. Mi amigo el Unicornio siempre está contento. ¡Es tan suave! Es blanco, pero (shhhh, esto es un secreto) tiene unas manchitas coloridas en la panza. Su cola es de arcoiris, como el cuerno en su cabeza. Adora las golosinas y mueve la cola cuando lo convido. Me deja bañarlo en el agua de la cascada cuando hace calor, me meto yo también, y chapoteamos. No tiene alas, pero corre tan rápido que casi casi vuela. 

Ahora que nos hemos conocido -dijo el Unicornio- si tu crees en mí, yo creeré en tí. ¿Trato hecho?

Ceci n’est pas une pipe.

Magritte se compró una pipa. Un día, se transformó en flor. Y otro en gaviota.

Luego fue carta de póker, fue avión, fue cortina. Fue signo de interrogación y collar en el cuello de una dama. Fue papel y acuarela. Fue cigarrillo. Fue humo. Fue médica, abogada, deportista. No fue pipa. Nunca. 

Pero René quería una pipa, y la pintó en un cuadro, para siempre poder verla como tal. Entonces no fue pipa, sino lienzo. Fue óleo y fue pincel. Nunca pipa. Nunca. Nunca.

Quedaban 21 minutos y salí corriendo. En 21 todo terminaría. Me puse la ropa, no lavé mi cara, no comí, total, ¿qué más daba? No había tiempo. Dí media vuelta, agarré algunas cosas, ya todo se veía nublado, no pensé en nada más que en eso. A los 18 minutos corrí un poco más, quería ir más lejos, abracé un árbol y lloré. Cuando abrí los ojos faltaban 10 y las gotas ya caían por mi espalda. 9. 8. A los 7 no supe que hacer. Salté, y terminé con todo antes de que se acabara el tiempo.